-¿Jugamos
otra vez a caballeros y princesas?-me dijo el muchacho que a mi vera
se hallaba. Sus ojos de color azul cielo me observaban mientras que
en sus manos portaba espadas de madera ( o lo que era parecido).
-Por
supuesto-dije con ilusión. La infancia siempre es la etapa más
feliz de una persona. Siempre riendo de cualquier cosa, ilusionándose
por cada pequeño detalle, viviendo sin pensar en ningún futuro,
exento de preocupaciones.
-
Has ofendido mi honor, sir Rayner- me dijo mi mejor amigo mientras
empuñaba la espada de madera- Os desafió a un duelo.- Hizo una
pausa dramática. Me puse en la misma postura y entonces lo mire
desafiante.
-Acepto
el duelo por mi honor,sir Erwin.
-Quien
gane se llevara la mano de la princesa y en un futuro se casara con
ella.
-
Sera si la princesa quiere y si lo acepta- dije yo riéndome. Erwin
se molesto un poco por no seguirle el rollo pero lo olvido al
instante.
Empezó
nuestro duelo acto seguido. Nuestras espadas se cruzaron al instante.
Mantuvimos una buena lucha(aunque en realidad fuera un duelo entre
principiantes). La batalla termino en cuanto hice que volara la
espada de Erwin por los aires. Cayo al suelo y yo le ofrecí mi mano
para levantarse. Acepto de inmediato.
-Siempre
me ganas – me dijo mientras resoplaba del cansancio- ¿Como lo
haces?
-
Mi padre me enseña un poco de esgrima todos los días. Mi sueño
siempre ha sido convertirme en caballero- dejo escapar una pequeña
risa- ¿Te ríes de mi sueño?
-
Por supuesto que no. Se que eres capaz de lograr ese sueño. Pero
nadie pensaría que el hijo de un herrero se quiere convertir en
caballero- siempre me había molestado el hecho de que si naces
herrero morías herrero.
-¿Tus
padres no se molestaran si llevas esas sucias ropas?-le dije
señalando su vestimenta.
Erwin
era el príncipe de Ligmor, el mas prospero reino de todos los
alrededores. Su cabello era como el sol. Era de la misma altura que
yo. Rondaba unos treces años(al igual que yo). Le gustaba pasar el
tiempo conmigo aunque solo hace días que somos amigos. Sus padres no
están de acuerdo pues yo soy de una “clase inferior” y no
debería juntarse con los de mi calaña.
Como
la puesta de sol se acercaba decidió volver a castillo. Nos
despedimos y cada uno siguió el camino a su hogar.
Yo
era un chico con pelo de color castaño igual que mis ojos. De
estatura media y con complexión normal. Era leal, fiel a mis
principios y mi sueño era convertirme en un caballero. Mi nombre…
es¿Rayner?. Sí, lo es.
Cuando
llegue a casa mi padre había preparado la cena. Mi padre era un
hombre fornido y con muchas cicatrices en su cuerpo. La causa de
estas fue su antigua vida de mercenario(de ahí que sepa tener un
buen manejo con la espada).
Mi
madre falleció a mi temprana edad así que no se lo que es tener una
madre. Mi padre siempre me hablaba de ella con mucho cariño y sus
pensamientos le acaban absorbiendo.
A la mañana siguiente ayude a
mi padre en la fragua. Puede que no sea divertido pero me gustaba
ayudarlo. Después siempre nos enfrentábamos obteniendo nuevos
conocimientos de esgrima. Por alguna razón, aprendía rápido pero
me faltaba un largo camino que recorrer para poder convertirme en un
gran espadachín.
Mi
espada favorita fue una que fue forjada por mi padre. Su empuñadura
de color oscura, tenia grabados en forma de león. Su filo era ancho
pero no muy pesada para alguien de mi edad. Con ella podía ser ágil
y la vez mortífero sin problema alguno. Siempre la llevaba a
cualquier lugar siendo como una parte más de mi.
Cuando
la lección finalizo, decidí adentrarme en el bosque . Camine un
rato hasta que halle unas ruinas de una antigua iglesia. Las plantas
habitan en ella aprovechándose de todo lo que les podía ofrecer.
Un
estruendo recorrió todo el bosque. Oí a muchos animales movilizarse
. Huían de algo altamente feroz y peligroso. Una bestia había
emergido de las tinieblas para engullir a todo lo que se encontraba a
su paso; un huargo. Recortaba cada vez más las distancias hacia mi.
El miedo empezó a paralizarme porque sabia que bestia aparecería a
mi paso. Las leyendas relataban que jamas nadie salia airoso de un
enfrentamiento directo. Por supuesto yo no sabia que era un huargo en
ese momento. Para mi solo fue un horrible pesadilla.
Los
arbustos más cercanos a mi empezaron a moverse violentamente.
Prepare mi arma para el combate empuñándola con las dos manos. Mis
ojos se abrieron y solo se fijaban en los arbustos mencionados con
anterioridad. Mi espada temblaba un poco por falta de valor.
Intentaba tranquilizar mi respiración que cada vez se veía mas
acelerada.
La
bestia surgió de los arbustos. Era todavía un cachorro por lo que
aun no alcanzaba un gran tamaño. Su estura era menor que la mi. La
primero que hizo fue abalanzarse sobre mi. La esquive por muy poco.
Me enseñaba su larga fila de dientes afilados capaces de matar en un
instante.
Mi
táctica era ponerme a la defensiva ya que sabia que no podría
igualarla. Si le atacaba de frente encontraría mi prematura muerte.
Aunque nada me decía que no la fuera a hallar igual. Puede que hoy
fuera el día en el que la dama de negro viniera a besarme.
Se
lanzo contra mi de nuevo y le esquive hacia un lado. Intente darle
con mi espada pero fallé. El huargo consiguió recuperarse y se
lanzo más rápido de lo que esperaba. No tuvo mucho tiempo de
reacción, le clave la espada entre los ojos. Eso lo freno pero no lo
suficiente para alcanzarme con sus dientes en mi hombro derecho.
Quería
gritar del dolor pero no podía. Me ahogaba en un silencio de dolor.
Cuanto más apretaba mi espada más fuerte me mordía. Sabia que
estaba en sus ultimas pero su fortaleza le hacia seguir luchando
contra mi.
Yo
no quería perder contra el feroz animal. Aunque todo el dolor
recorriera mi pequeño cuerpo, mantenía el conocimiento hasta el
final. Mi voluntad tenia que ser más fuerte que cualquier bestia.
De
repente, una chica salio de la nada( o eso me pareció a mi) y le
corto la cabeza con su pequeña espada. Mi asombro fue tal que no me
día cuenta que caí contra el suelo. Ella era mi heroína. Una ángel
guardiana venida de los cielos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario