domingo, 9 de octubre de 2016

Capítulo 2: Miradas encontradas

Me desperté en un camastro deslumbrándome el sol tras la ventana. Mire a mi lado y una hermosa chica de cabellos castaños me observaba desde su asiento. Esbozo una sonrisa al verme con los ojos abiertos.
- Me sorprendiste cuando te desmayaste – jugaba con un puñal de color esmeralda. Cerro un poco los ojos y se levanto. Se puso a observar tras la ventana y acto seguido su preciosos ojos castaños se volvieron a fijar en los míos.- Creía que habías muerto cuando te desmayaste y hubiera sido una pena para alguien tan valeroso como tu. Te la apañaste bien con la espada contra esa bestia- mostró un poco de fascinación por mi- ¿Quien te enseño?
Intente recomponerme un poco pero las heridas me dolieron al hacerlo. Era un dolor muy intenso y creía que todas se abrirían pero por suerte no fue así.
-Yo de ti no me movería mucho si no quieres que se monte aquí una sangría.
-¿Quien eres?- dije a la muchacha de semejante edad a la mía
- Perdón, he olvidado presentarme. Mi nombre es Cristal Doragon.
-¿Eres hija del legendario caballero imbatible?-dije sorprendido. Eso explicaría su gran dominio con la espada a su corta edad. Las leyendas decían que dicho caballero se enfrento a un ejercito de un millar de hombres y salio impune. La espada que llevaba fue proclamada como “devora almas”.
-Normalmente las personas educadas se presentarían- me dijo con seriedad
-Mi nombre es Rayner sin apellido. Hijo de un herrero con sueños de convertirme en caballero
- Que valiente al decirme tus sueños- me dijo sonriendo
- Es que confió en ti, lady Doragon.
-Puedes llamarme por mi nombre. Dejemos los formalismos para los nobles y los caballeros de verdad- De repente paso de estar sonriendo a estar seria. Fue en un instante que la noción del tiempo me pareció nada.-¿Puedo hacerte una pregunta, Rayner?- asentí con la cabeza- ¿Te conozco de algo?. Me suena de haberte visto en algún lugar o de conocerte con anterioridad.
- No creo haberte visto nunca o conocido de antes. Seguramente puede que me hayas confundido con alguien más- paso el peso de un pie al otro y se acerco a mi. Se encontraba muy cerca de mi. Incluso podía oler la fragancia de su cabello… Jamas olvidaría ese olor a rosas silvestres.
-¿Estas seguro? Entonces porque…- y de pronto se sonrojo. No comprendí porque cogió el color de un tomate pero tampoco le quise dar importancia.
La tarde llego y nos la pasamos hablando y conociéndonos. Fue la primera vez que estaba con una chica y la verdad fue muy agradable. Cristal me caía muy bien y tenia un algo que la hacia especial. Cada momento que pasaba quería conocerla más igual que yo a mi. Dejamos de ser extraños para empezar a ser amigos.
Al llegar la noche me dijo que avisaría a mi padre que me hallaba en una posada de la ciudad. Yo le inste al alba del siguiente día,mas ello no quiso hacerlo. Sabia con certeza su habilidad con la espada y me prometió que volvería tan rápida como una flecha. Me convenció ademas , no quería preocupar a padre.
Pasaron días y ella no regresaba. Mi preocupación crecía por momentos pero no podía moverme por las heridas que poseía.
Cuando estaba casi curado, un estruendo hubo abajo en el comedor de la posada. Oía gritos y maldiciones. El sonido del acero cortando el aire fue lo que definitivamente me advirtió de que algo malo iba a acontecer.
Me levante como pude. Las heridas ya casi no me dolían. Cogí mi espada y salí por la puerta,acto seguido, baje las escaleras. Lo que encontré abajo fue mucha sangre, cuerpos sin vidas, tres hombres armados con espadas y un fuego creciente.
Los tres guerreros se percataron de mi presencia, y sin ni siquiera preguntar, se abalanzaron contra mi. Desenvaine mi espada y choco contra la primera que me iba alcanzar. A continuación esquive la segunda agachando la cabeza, yen sucesión, metí un tajo a la altura del estomago. La sangre broto con rapidez. Le clave la espada de nuevo en el mismo lugar y lo utilice de escudo contra el tercer hombre. Con mayor rapidez que el tercer hombre, desclave la espada y le hice un corte también en el estomago. Mi respiración acelerada denotaba el esfuerzo que suponía enfrentarme a gente con mayor paso del tiempo.
- Eres bueno, chico-dijo el ultimo guerrero en pie.- Va a ser muy divertido matarte.
- No me subestimes por mi edad y mi tamaño- acto seguido me abalance contra él.
Hizo un movimiento recto con la espada, como yo esperaba. Torcí a la derecha y pegue un pequeño salto clavándole mi arma en su cuello. Después realice un tajo vertical acabando así con su vida.
Nadie sobrevivió a aquel asalto excepto yo. Debía salir rápido de aquel lugar antes de que el fuego me devorara entres sus fauces.

Cuando abrí la puerta, para mi sorpresa, el pueblo estaba arrasado. Una guerra que ni yo sabia había comenzado...

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