Me desperté en un camastro
deslumbrándome el sol tras la ventana. Mire a mi lado y una hermosa
chica de cabellos castaños me observaba desde su asiento. Esbozo una
sonrisa al verme con los ojos abiertos.
- Me sorprendiste cuando te
desmayaste – jugaba con un puñal de color esmeralda. Cerro un poco
los ojos y se levanto. Se puso a observar tras la ventana y acto
seguido su preciosos ojos castaños se volvieron a fijar en los
míos.- Creía que habías muerto cuando te desmayaste y hubiera sido
una pena para alguien tan valeroso como tu. Te la apañaste bien con
la espada contra esa bestia- mostró un poco de fascinación por mi-
¿Quien te enseño?
Intente recomponerme un poco
pero las heridas me dolieron al hacerlo. Era un dolor muy intenso y
creía que todas se abrirían pero por suerte no fue así.
-Yo de ti no me movería mucho
si no quieres que se monte aquí una sangría.
-¿Quien eres?- dije a la
muchacha de semejante edad a la mía
- Perdón, he olvidado
presentarme. Mi nombre es Cristal Doragon.
-¿Eres hija del legendario
caballero imbatible?-dije sorprendido. Eso explicaría su gran
dominio con la espada a su corta edad. Las leyendas decían que dicho
caballero se enfrento a un ejercito de un millar de hombres y salio
impune. La espada que llevaba fue proclamada como “devora almas”.
-Normalmente las personas
educadas se presentarían- me dijo con seriedad
-Mi nombre es Rayner sin
apellido. Hijo de un herrero con sueños de convertirme en caballero
- Que valiente al decirme tus
sueños- me dijo sonriendo
- Es que confió en ti, lady
Doragon.
-Puedes llamarme por mi nombre.
Dejemos los formalismos para los nobles y los caballeros de verdad-
De repente paso de estar sonriendo a estar seria. Fue en un instante
que la noción del tiempo me pareció nada.-¿Puedo hacerte una
pregunta, Rayner?- asentí con la cabeza- ¿Te conozco de algo?. Me
suena de haberte visto en algún lugar o de conocerte con
anterioridad.
- No creo haberte visto nunca o
conocido de antes. Seguramente puede que me hayas confundido con
alguien más- paso el peso de un pie al otro y se acerco a mi. Se
encontraba muy cerca de mi. Incluso podía oler la fragancia de su
cabello… Jamas olvidaría ese olor a rosas silvestres.
-¿Estas seguro? Entonces
porque…- y de pronto se sonrojo. No comprendí porque cogió el
color de un tomate pero tampoco le quise dar importancia.
La tarde llego y nos la pasamos
hablando y conociéndonos. Fue la primera vez que estaba con una
chica y la verdad fue muy agradable. Cristal me caía muy bien y
tenia un algo que la hacia especial. Cada momento que pasaba quería
conocerla más igual que yo a mi. Dejamos de ser extraños para
empezar a ser amigos.
Al llegar la noche me dijo que
avisaría a mi padre que me hallaba en una posada de la ciudad. Yo le
inste al alba del siguiente día,mas ello no quiso hacerlo. Sabia con
certeza su habilidad con la espada y me prometió que volvería tan
rápida como una flecha. Me convenció ademas , no quería preocupar
a padre.
Pasaron días y ella no
regresaba. Mi preocupación crecía por momentos pero no podía
moverme por las heridas que poseía.
Cuando estaba casi curado, un
estruendo hubo abajo en el comedor de la posada. Oía gritos y
maldiciones. El sonido del acero cortando el aire fue lo que
definitivamente me advirtió de que algo malo iba a acontecer.
Me levante como pude. Las
heridas ya casi no me dolían. Cogí mi espada y salí por la
puerta,acto seguido, baje las escaleras. Lo que encontré abajo fue
mucha sangre, cuerpos sin vidas, tres hombres armados con espadas y
un fuego creciente.
Los tres guerreros se
percataron de mi presencia, y sin ni siquiera preguntar, se
abalanzaron contra mi. Desenvaine mi espada y choco contra la primera
que me iba alcanzar. A continuación esquive la segunda agachando la
cabeza, yen sucesión, metí un tajo a la altura del estomago. La
sangre broto con rapidez. Le clave la espada de nuevo en el mismo
lugar y lo utilice de escudo contra el tercer hombre. Con mayor
rapidez que el tercer hombre, desclave la espada y le hice un corte
también en el estomago. Mi respiración acelerada denotaba el
esfuerzo que suponía enfrentarme a gente con mayor paso del tiempo.
- Eres bueno, chico-dijo el
ultimo guerrero en pie.- Va a ser muy divertido matarte.
- No me subestimes por mi edad
y mi tamaño- acto seguido me abalance contra él.
Hizo un movimiento recto con la
espada, como yo esperaba. Torcí a la derecha y pegue un pequeño
salto clavándole mi arma en su cuello. Después realice un tajo
vertical acabando así con su vida.
Nadie sobrevivió a aquel
asalto excepto yo. Debía salir rápido de aquel lugar antes de que
el fuego me devorara entres sus fauces.
Cuando abrí la puerta, para mi
sorpresa, el pueblo estaba arrasado. Una guerra que ni yo sabia había
comenzado...
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