Mis ojos observaban todo el rato la misma callejuela, esperando que salieran los seres que me daban caza como a una vulgar presa. No sentía nervios ni mi corazón palpitaba. Simplemente mi mente se asemejaba a un mar en calma. Fundía mis sentidos con mi entorno, pudiendo percibir cualquier extraño movimiento.
Las nubes cubrían al gran astro de la noche. La negrura me abrazaba con su manto, acrecentando mis sentidos. Mi ojo añil lo veía todo. Nada se le escapaba.
Las lobos atacan en manada. Normales no eran. Bestias sedientas de la sangre del elegido de la Diosa, cuyo único objetivo era terminar mi historia.
Asi mi espada que llamas turquesa emanaba. La primera bestia se lanzó hacia mi,yo esquive con rapidez y un tajo le propine.
Me dirigí a la segunda raudamente y con la habilidad de un esgrimista, le embistí a dos a la vez. Cada vez que mi arma los alcanzaba, las llamas los devoraba. Y así con gran pericia concluí el tiempo de las bestias.
Un campo de almas se mostraban ante mí, todas de la misma forma y tamaño.
Cuando guardaba mi espada en su funda, todas las ánimas fueron atraídas a esta. Las calles de la nocturna ciudad pudieron descansar al fin.
Ella me esperaba fuera de la ciudad. La muñeca sin sentimientos, la Diosa mas temida por cualquier ser mortal, el fin de todas las historias; la muerte. Yo simplemente la llamaba Saiko.
- Hola Saiko. ¿Has esperado mucho mi vuelta?
- La verdad es que no-dijo con la normal ausencia de sentimientos. Sus ojos nunca me miraban. Ni siquiera me buscaban. Su interés por mi era ínfimo.-Coge mi mano- aparte su mano con la mía.
- ¿Por que haces todo esto?. ¿Por que sigues con la Diosa?-mis ojos intentaban buscar a los suyo pero no conseguí nada. Un silencio se hizo entre nosotros dos.Aun me indicaba que nos fuéramos.
Cuando mi mano rozó la suya, por primera vez sus ojos grises ojos miraron a los míos, y dijo pues:
- Estoy atada a esto. Soy una marioneta como tu.¿Acaso tenemos otra opción?- me quedé pensativo porque no esperaba palabra alguna de sus apagados labios.
- La hay porque seremos libres finalmente-no mostraba ningún sentimiento a mis palabras- Solo tienes que confiar en mí- y le agarre con fuerza su mano.- Confia en mi.
La Diosa sonreía cuando me vio llegar ante ella. Se cepillaba su largo peinado sentada en su trono.
- Ha vuelto mi elegido- mostró su sonrisa como siempre lo hacía. Algo en ella siempre me resultaba familiar. Quizás me recordaba a ella y su sonrisa capaz de resucitar el mundo entero. Es única e inimitable, jamás existirá ninguna igual.
- Mi diosa- me arrodille ante ella- Os traigo viente almas más
- Te dije hace tiempo que dejaras de hablarme tan formalmente- dijo mostrando una mueca de desacuerdo- Pero te doy las gracias por conseguir tales almas- dejo el colorido cepillo, se bajó del trono y se puso en frente mía. Desenvaine mi espada y se la mostré entre mis manos.
Absorbió las almas que portaba y cuando termino me abrazo, acto que me sorprendió.¿Qué confianzas eran esas?-pensé.
- Me alegro que hayas vuelto sano y salvo, aunque no puedes morir- y se rio de su propio chiste.
- Diosa,¿por que quereis esas almas?. ¿Qué es lo que planeáis?
- Todo a su debido tiempo, Neil- me miro a los ojos totalmente fríos igual con su tono- Pronto comprenderás todo y a la vez nada- se fue de vuelta a su trono
- Diosa, ¿por que he obtenido este poder?
- Ni yo misma lo se. Es una síntesis de mi poder y el que tenias latente en ti. Pero como obtuvistes dicho poder es un misterio.
Mi poder consistia en el control de las llamas turquesas. Era activado cuando mi ojo derecho cambiaba de color. Por supuesto mi control en el era total, sin ninguna fisura.
Cuando mi ojo se tornaba de castaño a añil, evocaba las llamas en mi arma fortaleciendo mis ataques y este me dotaba de mayores reflejos y visión. Era idela pues cuando mori perdi todas mis capacidades que había adquirido con los años.
- No os preocupéis- dije mostrando una sonrisa a medias - Yo si se como lo he obtenido.
Me ha encantado, como siempre, estoy deseando poder leer la continuación~
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