domingo, 13 de marzo de 2016

Chapter 3 : Miradas halladas

Cabalgábamos hacia nuestro siguiente destino. Su oscuro pelo ondeaba por la brisa del atardecer. Olía a grosellas y a primavera. Su caballo encabezaba nuestra marcha y yo iba a sus espaldas. Decidí ponerme a su altura para poder mirarla. En cuanto me acerque, sus ojos de color castaño, buscaron a los míos. Me dedico una de sus cariñosas sonrisas. Su bella tez se veía favorecida por el ocultamiento del sol tras el horizonte.
- Neil – me dijo con un tono de seriedad- ¿Tu alguna vez piensas en el futuro? - me quede absorto por sus ojos unos instantes y acto seguido, mire hacia delante.
-No, la verdad es que nunca me paro a pensarlo, pero ¿sabes?, no me importa. Mientras mi futuro sea contigo, carece de importancia pensarlo- me pego en el hombro cariñosamente.
-Eres un idiota- me dijo sonriendo. Después me acaricio en el sitio donde me había pegado como arrepentimiento.
- Pero a ti eso te encanta- sonreí. Pero no era una sonrisa falsa sino una verdadera. Me sentía realmente feliz.
El silencio se hizo por unos instantes porque decidimos disfrutar del esplendió tapiz que se nos mostraba.
-Neil, prometeme que siempre estarás conmigo y que jamas me abandonaras
-Aigli, te lo prometo. Siempre estaré contigo – nuestras miradas rebosantes de cariño se cruzaron y ambos nos besamos, trayendo consigo la caída de nuestras monturas. Las risas surgieron sin temor alguno mientras nos ayudábamos a levantarnos. Nos volvimos a besar pero cuando este termino la magia se rompió. La realidad volvió a mi….

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Fui arrancado,por una extraña dama, de aquel maravilloso sueño  que no era sino un recuerdo de mi vida pasada. Una pagina de mi historia.
No quería volver aquella realidad sin sentido pero no no tenia alternativa alguna. No podía huir a los reinos oníricos.
Una chica pálida con ropajes negros me besaba. Yo estaba tumbado en el suelo del reino de los cielos.
Cuando vio que abrí los ojos, paro de hacerlo. Yo me levante poniedome frente aquella chica baja. Su pelo gris era corto, solo le llegaba al cuello. Su aspecto se asemejaba a las muñecas, inerte de vida. Con ausencia de sentimientos en su rostro. No expresaba nada y sus ojos nada le podían mostrar. Llevaba una guadaña como la de los labriegos en sus manos. Iba descalza, me entrañaba gran misterio.
-¿Quien sois?
- Soy la muerte, para serviros señor – me dijo sin tener ningún sentimiento en su voz y con un tono que no revelaba nada. Transparente como las aguas cristalinas. Esta Diosa no tenia nada en su interior. Como si de una vasija se tratara.- La Diosa os espera
-¿Por que me habéis besado?- dije un poco indignado por tal aprovechamiento de mi intimidad.
-Lo hecho para traer de vuelta vuestra alma. Al haber fallecido en ese cuerpo, vuestra alma se había perdido, pues como sabéis en realidad estáis muerto.
-¿Que queréis decir, dama de negro?
- Eso no puedo revelaroslo, señor. Solo la Diosa puede hacerlo- mis esperanzas de alcanzar la verdad fueron eliminadas. Sin duda, el tiempo seria mi aliado.
-¿Tenéis algún nombre?
-No poseo ningún nombre. Dejaos las trivialidades para otro momento la Diosa os espera – Una persona normal hubiera mostrado impaciencia pero ella no monstruo nada.
-Os prometo que os daré un nombre, muerte
-Gracias…
Me acompaño ante la gobernante de los cielos a través de aquel espacio monocromo y despareció. Todo parecía igual como siempre. Un habitáculo vació sin mas.
El trono de la deidad era impresionante. Me quede atónito solo de verlo, pues se conformaba de nubes. Pero estas tomaban diversas formas; unas hacían de mesa, otros conformaban lo mencionado, sillas,cuadros, etc.
Me observo detenidamente y con su flagrante voz me dijo:
-¿Te gusta tu nueva sirvienta?
-Mi respuesta carece de importancia, Diosa – se rio como si hubiera contado una bufonada
- Ahora me tratas con respeto cuando estuviste aquí me trataste como tu igual.- se rio-Es gracioso puedes seguir. Me gusta que me hagan sentirme superior aunque lo soy a todo.
-Dejaos de trivialidades- desempuñe la espada y se la mostré- Aquí esta la bestia que asolaba el bosque de Normwood.
-Lo se- dijo mostrando una sonrisa picara- ¿Que clase de Diosa seria si no fuera omnisciente?- la reina de los cielos alzo su mano y atrajo la espada con una clase de magia psíquica. Cuando la cogió con la mano, extrajo el alma de la bestia de ella- Si te preguntas que es a lo que te has enfrentado, mi elegido, son almas que se han descarriado en el camino. Acumulan todo la oscuridad que habita en el corazón de las personas y se materializan en abominables criaturas. Tu misión es traerlas de vuelta.- Iba a decir algo pero me interrumpió – La respuesta a por que no bajo yo a por ellas, Neil, es porque mi ausencia en este reino significa el fin del mismo.
- Lo entiendo – dije observando como sacaba al alma de mi arma. Su mano estaba encima de la misma un energía espiritual salia formando una bola de color azul apagado. Cuando finalizo sostuvo la esfera con la mano y teletransporto mi espada a su empuñadura.
-Ya sabes porque te he elegido a ti, Neil- de repente desapareció y apareció en mi espalda susurrando a mi oído- No dejes ganarte por otro espíritu. Tu eres el más fuerte y en ti ahora mora un nuevo poder que tienes que despertar.
Me di la vuelta pero ya no se hallaba hay. Cuando me gire de nuevo sentada en su trono se encontraba.
-Diosa, respondedme a una cuestión que ronda por mi cabeza.
-Dime
-¿Por que no puedo morir?¿Es acaso por que soy un ánima?
- Correcto. No puedes morir gracias a mi poder pero no abuséis de ello. Concéntrate en sobrevivir en tus andanzas por la tierra mundana. Desde ahora cuando termines una tarea tu nueva sirvienta te esperara para que vuelvas aquí- me dijo mientras jugueteaba con el alma- Ahora seras enviado a Winder. Una amenaza se esconde en ese decadente reino. Encuentrala y eliminala, elegido- dijo con voz imponente.
La muerte apareció a mi y la Diosa desapareció de su trono. La pálida dama me ofreció su mano y yo la cogí, dirigiéndome a mi nuevo destino.

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