El día llego en aquella habitación en la que antes reinaba la oscuridad. Observe el techo de mis aposentos mientras me encontraba en mi camastro. Era del color de la madera pero un poco oscurecido por el paso del tiempo y de la mugre, igual que el suelo.
El pensamiento, que a la vez era un recuerdo, de como la Diosa que gobernaba este mundo me había obligado a eliminar engendros, rondaba por mi mente. No tenia ninguna certeza si me había dicho la realidad conforme a Aigli. Ni si quiera podía saber si me encontraba en los reinos oníricos, y la realidad fuere que en mi celda encerrado estaba. Me pellizque para asegurarme y para desgracia de mi ser, no era un sueño.
Decidí pues, vestirme y colgarme mi recién adquirida espada. La ate con fuerza a mi espalda para no perderla. Me puse las negras botas y abandone la habitación. No me quedaba otra opción que seguir hasta el final de mi tarea a ver donde me llevaba.
Baje por las escaleras y me puse la capucha. No quería llamar la atención con mi nuevo color de pelo. Ya muchos ojos estaban fijos en mi por ser un mercenario o eso es lo que decía yo que era.
El ventero se hallaba en la barra trajinando lo que parecía el libro de cuentas. Cuando me acerque hacia donde el estaba, levanto la mirada y me examino minuciosamente. Sin duda, alguna intentaba averiguar mi origen.
El posadero era un hombre entrado en edad. Con el pelo ya canoso y con una mirada cansada. Alguna que otra arruga empezaba a notarse en su rostro. Sus manos estaban llenas de cayos, endurecidas por los largos años de trabajos. Su aura denotaba que era sabio y que entendía de letras.
Me senté en una mesa y deje mi arma apoya contra la mesa. Una joven chica pelirroja con pecas me atendió con una sonrisa forzada. En la taberna reinaba el silencio de la ausencia de cualquier ser exceptuándonos a los tres. De vez en cuando, se oía algún que otro ronquido de los durmientes clientes.
-¿Que te pongo,guapo?
-Una jarra de hidromiel, si sois tan amable- ni si quiera me digne a mirarla a los ojos. Ansiaba irme de aquel lugar lo mas raudo posible.
-Marchando-dijo con una mueca de descontento
Al rato me trajo mi refrigerio y me lo bebí con gusto. Cuando termine me pare en seco frente al ventero. Este se desquicio al ver que solo lo observaba.
-¿Tenéis algún problema, muchacho?
-Solamente me preguntaba si tendríais información que me fuera útil- dije con sinceridad
-Pues os diré que la muchacha muchas luces no tiene pero para servir unas mesas…
-No os iba a preguntar por vuestra camarera- dije frío como el metal de mi espada- Quiero información de esto lares
-Habéis acudido al hombre adecuado, muchacho. Conozco todos los rumores circulan por esta ciudad. No hay nada que a mi se me escape- “vamos que sois un cotilla de cuidado” pensé yo- ¿Que queréis, saber?
-¿Ha acontecido algo fuera de lo común por estos lares?- el tabernero miro a ambos lados como si temiera que le escuchara alguien lo que me iba a decir.
-Pues para seros sinceros, hace dos noches apareció una extraña bestia en los bosques. Unos nómadas que pasaron por el bosque de Normwood la vieron. Dijeron que proyectaba un aura fantasmagórica y que su altura sobrepasaba esta taberna- se irguió y me miro a los ojos- Yo , por supuesto, creí que de patrañas se trataba. Que querían llamar la atención contando una historia semejante pero la noche anterior hoy el grito de la bestia. Para ser exactos, todo la ciudad entera como un terrorífico graznido corto el silencio de la noche, arrancado a todo ser durmiente de su sueño- no fue casualidad que la Diosa me dejara al lado del reino de Kairin. En los bosques circundantes se hallaba lo que buscaba.
-Gracias por la información, humilde tabernero
-Las gracias no, pagadme por la información y por el hospedaje.
Salí a las calles del reino de Kairin. El sol de la mañana deslumbraba por todos los rincones. El bullicio de la gente era incesante. Los puestos, puestos en la calle mayor, ofrecían diferentes productos a sus gentes. Parecía una ciudad tranquila como otra cualquiera. Si viviera como antes, seguramente habitaría en un reino como este.
La gente me miraba desconfiada y con extrañeza. La razón no era otra que portaba en mi cabeza una capucha para tapar el color de mi pelo a plena luz del día. Prefería eso a que se preguntaran si venia del inframundo o supersticiones peores.
Yo caminaba por la calle principal de la ciudad hacia la salida del reino. De vez en cuando me paraba a observar los puestos, pero prefería no gastarme el oro que la Diosa me había dado nada mas que para lo necesario.
Al fin llegue a las puertas de la ciudad. Dos guardias salieron a mi paso de repente, entre risas. Los dos eran altos y portaban ropajes de color carmesí acorde con es estandarte del señor de estas tierras. El de la izquierda era rubio y el de la derecha era moreno. Los dos portaban espadas en su cintura y una armadura plateada debajo de las ropas. Un mal presentimiento recorrió mi cuerpo. Sabia que no iba a acontecer nada bueno.
-¿ A donde vais, escoria? - me dijo uno de ellos con voz ronca
-A donde no os importa
-Os ponéis gallardo con la autoridad. Eso va en contra de la ley- me dijo el otro guardia con una sonrisa maliciosa en su rostro.
-¿Que ley es la vuestra que por solo deciros unas palabras me queréis llevar al calabazo?-preparaba mis puños para lo que sabia que era inevitable- No quiero haceros daño. Si me dejáis pasar..
El guardia de la derecha me corto lanzado un derechazo. Por suerte, me aparte justo a tiempo cogiéndole de su brazo y partiendolo. El guardia aulló de dolor. El otro desenvaino su espada lleno de ira. “Ya no tienen ganas de reír” - pensé mientras observaba como el guardia moreno se acercaba a mi. Me rodeo por la derecha y me lanzo un tajo por la izquierda. Yo hice una finta sin ningún esfuerzo.
El guardia me lanzo varios tajos sin ningún resultado. Su respiración se aceleraba con el tiempo. Su cansancio cada vez se le denotaba mas. El guardia se dirigió hacia mi para embestirme y me lanzo un espadazo horizontal. Yo me agache en el momento indicado, y le propine un puñetazo en su tez. A continuación, le arrebate la espada retorciéndole su muñeca y con ella le dibuje un corte profundo en su cuello.
El guardia rubio, había visto tal sangría desde el suelo. Aunque intentaba levantarse, se hallaba paralizado por el shock. De hecho, cuando me di cuenta las calles se habían vaciado por nuestra batalla. A la guardia real no le faltaría mucho para arribar.
Me acerque al guardia lesionado y clave la espada al lado suya en el suelo. Me agache y le dije:
- Os habéis equivocado de persona, escoria. No deberías meteros con cualquiera por el simple hecho de resaltar- dije con un frío invernal. Vi como el guardia, que me miraba con temor, se estremeció por el miedo. Temblaba incluso. Fui a por los guantes de la armadura del guardia sin vida y se los arrebate. Me los puse pues sabia perfectamente que me harían falta para tan noche larga.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Me desperté de un sobresalto en la copa del árbol en el que dormía. Había decidido echarme una cabezada antes de ir a cazar a la bestia pero no me esperaba que esta se pusiera a tan pocos pasos de mi. La podía distinguir perfectamente desde los arboles.
Emitía una aura feérica que sobresaltaba ante la oscuridad de la noche. Su tamaño era impresionante pues media la mitad de todos los arboles del bosque Normwood. Sus garras oscuras como el metal descansaban en su enorme panza peluda. El color de pelaje era blanco como la nieve y sus ronquidos se oía a través de todo el bosque.
Sin duda no podía tener una oportunidad mejor de acabar con la bestia pues dormía plácidamente.
Baje del árbol con el mayor sigilo posible y cuando llegue al suelo, desempuñe lentamente mi espada para que hiciera el menor ruido posible. Cuando estuvo completamente fuera de su funda, pude comprobar que emitía un haz azul , y que este, se intensificaba cuando apuntaba a la bestia. Parecía una especie de identificador de aquellas monstruosidades.
La ancha hoja de mi arma se clavo en aquel monstruo intensificando al máximo su azul cielo aura. La bestia abrió sus ojos llenos de ira y se clavaron en mi al instante.
Me con su zarpa me estampo contra el árbol más cercano. La bestia, con forma de conejo gigante rugió con fuerza.
Se abalanzo contra mi pero yo logre esquivarlo haciendo que se estampara contra el árbol. Aproveche la oportunidad, realizando un tajo en sus espalda. Este se giro aun mas enfurecido. Su contraataque fue un zarpazo que para sin ninguna dificultad con mi espada, hecho increíble pues me superaba en tamaño.
Me deshice de sus garras que apretaban contra mi arma con un empuje, y esquivando cualquier ataque que me lanzaba, llegue hasta su cuello saltando. Hice un corte rápido con mi espada mientras me acercaba cada vez mas a el. La bestia aulló del dolor.
De su cuello brotaba su oscura sangre formando un charco en el suelo. El gran conejo cayo al suelo sin vida. El bosque parecía en calma después de la cruenta batalla.
Una voz resonó en mi cabeza; “Clavale la espada, Neil”. Yo sin cuestionarme nada lo hice y la espada absorbió al monstruo sin dejar rastro. Nadie podría decir con certeza jamas si hubo un batalla allí o no.
Todo fue muy rápido y se asemejaba todo a un sueño. Todo era muy confuso e ilógico.
De repente oí algo mientras volvía por mis pasos. Algo había pasado a gran velocidad entre los arbustos y mis sospechas solo se agravaban al ver como mi espada brillaba. Puse mis cinco sentidos en alerta. Mi respiración se ralentizo fundiendome con el silencio. Lo que venia a por mi, poseía un aura mas peligrosa que la bestia anterior. Sentía sus ojos clavados en mi pero no podía distinguir donde estaba.
Las garras atravesaron mi pecho. No tuve tiempo de reaccionar. Mi atacante me elevo haciéndome observar una noche sin luna. Me desgarraba por dentro consumiendo el fuego de mi vida a cada instante.
-Este es vuestro castigo por asesinar a mi camarada, mercenario azul – el nombre me hizo gracia pero en esos momentos no podía concentrarme mucho. Mis sentidos se apagaban lentamente dejándome vagar de nuevo por aquel vació infinito de oscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario