miércoles, 17 de febrero de 2016

Prólogo

-¿Por qué estas tu aquí?- me dijo aquella muchacha de pelo castaño y mirada fría. Su rostro era joven pero a la vez denotaba una gran experiencia. Se notaba que era alguien que ha recorrido los confines más recónditos del ancho mundo. Su mano se posaba en mi hombro, quizá fuera para intentar darme confianza con ella o puede que fuese que se moría de curiosidad por mi pasado y mi sombra. Con mi propia mano aparte la suya con hostilidad, dando a entender que no cogiera muchas confianzas conmigo.

 -No tengo por que contarte nada-dije con palabras huecas.- Mi pasado solo me pertenece a mi y no tengo porque revelartelo. Ahora sino te importa quiero pasar el resto de mi existencia tranquilo... sin ninguna interrupción- me levante de donde estaba sentado y me fui por la puerta.
Solo podía oír los gritos de los demás presos en esta infernal mazmorra. Sus llantos por su futuro predecible, palabras sin sentido decían los que la cordura abandonó, las gotas del agua que se filtran caen siguiendo el mismo algoritmo siempre. No hay casi luz en este lugar, solo la suficiente para distirguirnos unos a otros. Por lo demás, a mi me parece todo igual. Las mismas paredes todo el rato, celdas idénticas unas de otras, un techo que nunca acaba....

Las campanas sonaron con fuerza. Los presos se alteraban por el significado. Unos pasos metálicos se oían cada vez más cerca. Heraldos que vienen a por su próxima victima. El final de una historia estaba próximo. Y como ya sabia, venían a por mi con sus pesadas armaduras y alabardas.
 La reja de mi celda se abrió con fuerza. Sentado en el inhóspito banco yo me hallaba. Eran dos mis castigadores. Sus caras no pude distinguir porque las armaduras las tapaba. La diferencia que saque es que uno era más alto que el anterior.

-Hemos venido a por ti-dijo una voz que resonaba a través de las rejillas de armadura. Era metálica y grave.

 El que no me hablo me asió con fuerza de mi brazo y me levanto del asiento con brusquedad. El otro también me agarro del brazo y los dos me llevaron mientras mis pies barrían el suelo. Muchos estarían temblando ante el inminente abrazo de la diosa muerte, yo no era de esos. No sentía temor alguno ni tenia ninguna gana de seguir andando por el mundo. La razón residía en que el rumbo he perdido y conquistados mis sueños ya fueron. Nada me quedaba en este mundo mascado con tragedias.

 Llegamos finalmente al patíbulo después de que me arrastran por toda la mazmorra mientras los presos miraban temblorosos nuestro pasar. La diferencia fue notable, la muchedumbre gritaba con fuerzas y odio. Un sol olvidado hacia que me ardieran mis ojos , imposibilitando que pudiera ver con normalidad alguna. Pisaba el suelo de madera no de piedra. No estaba acostumbrado a ello.
Después de un rato me adapte mientras me ponían la soga al cuello. El tacto de ella me irritaba la piel. Estaba espantoso en aquel lugar. Lleno de arapos, se me notaba todos los huesos, mi pelo me tapaba los ojos de lo largo que tenia, mi barba poblada me ocultaba el cuello.....

-¿Algunas ultimas palabras?-dijo el encapuchado ejecutor que daría mi final. Agarraba la palanca que correría el suelo para que cayera con la mayor brusquedad posible, esto tendría la consecuencia de partirme el cuello y dejarme sin ningún aire que respirar. Al oír estas palabras el gentío grito de la emoción. Esto para ellos era solo un espectáculo más que solo les sirve para olvidar sus vaciás vidas y tenerlos controlados para que los adinerados sigan chupándoles la sangre.

 -Nos veremos muy pronto, Aigli- dije con una sonrisa en mi boca. Nadie oyó mis palabras. La trampilla del suelo se movió y la valentía seguía vigente en mi cuerpo. Yo solo quería reunirme con lo que mas anhelaba. El tiempo paso con lentitud. Mi mente iba mas rápido que el flujo del inalcanzable tiempo. Vi todas las miradas posándose en mi , esperando mi muerte. La caída fue eterna pero por fin llego el momento. La soga tiro de mi cuello quebrandolo y ahí se acabo todo.

Nadie lloro por mi, nadie me echo de menos. Los que me conocieron jamás se enteraron de mi muerte y los que me esperaban en los reinos de los cielos, siguieron esperando mi llegada. No llegue alli, ni vi a lo que mas deseaba.

Ese día renací.... pero de una forma nunca vista

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